María Zaragoza

 

MARIA ZARAGOZA 2.jpg
MARÍA ZARAGOZA

 

María Zaragoza Hidalgo, escritora y articulista, nació y creció en Campo de Criptana (Ciudad Real) en 1982. María escribe ficción desde los siete años, edad a la que ganó su primer concurso escolar de cuentos.  No fue hasta el año 2004 tras su paso por la Fundación Antonio Gala para jóvenes escritores que decidió que quería hacer de la escritura su profesión. A los dieciocho años se mudó a Madrid para estudiar en la Universidad Complutense.

María siempre se ha sentido rara y diferente, y declara que tendría que haber nacido veinte años antes, ya que siempre se ha interesado por gustos de gente más mayor que ella.

Escribe novela, cómic, cuento, prosa poética, y hasta algún guion cinematográfico. Le encanta jugar con los géneros, mezclarlos y saltarse las normas establecidas en cada uno de ellos, porque esa mezcla, según ella, hace que las historias se acerquen más a la vida. Además, en todas sus novelas intenta reflejar una parte de Campo de Criptana. Todo esto se ve reflejado en sus obras: es autora de Ensayos sobre un personaje incompleto (Tau, 2000) ─publicada a los diecisiete años─, Amores que matan (Tau, 2001, Premio Psyco – Tau de novela de terror), novela autoficcional de terror y humor; Cuna de cuervo (Parramón, 2009), un cómic en colaboración con el dibujante Didac Pla; Diario imaginario de la mujer tigre (Cazador de ratas, 2015);  Dicen que estás muerta (Algaida, 2010, Premio Ateneo Joven de Sevilla); Los alemanes se vuelan la cabeza por amor (Algaida, 2011, Premio Ateneo Ciudad de Valladolid). Su obra oscila entre lo fantástico, lo siniestro, lo extraño y lo maravilloso, aunque la más próxima a la ciencia ficción sería la novela Avenida de la Luz.

Ha colaborado, además, en numerosas antologías de ciencia ficción con relatos en los que trata temas como el fin del mundo, la clonación, los viajes en el tiempo o la experimentación genética.

 

El fondo se volvió verde y nadie interrumpió la emisión. La pantalla líquida se llenó de técnicos de 3D mirando al suelo y de un regidor que decía «Dios mío, Dios mío» moviéndose de un lado para otro. Niños de todo el país vieron morir a su ídolo en directo, sentados con sus padres en el sofá.

La vida sin cáncer

 

Anuncios